El
VIII Congreso de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP),
se realiza en un período caracterizado por la profundización de los
dramáticos efectos económicos, políticos, sociales y culturales, que
se viven a nivel planetario como consecuencia de la aplicación de
la fórmula fatal de nuestros tiempos: neoliberalismo y globalización.
En esa realidad la FELAP inscribe su continuo desafío histórico: la
búsqueda de nuevas alternativas que se enfrenten al modelo neoliberal.
Obligándonos hoy, más que ayer, a intensificar nuestro crecimiento
organizativo en nombre de la idea de responsabilidad y de ética social
que hemos construido a lo largo de veintitrés años de existencia.
Nosotros, organizaciones Sindicales, Profesionales, Colegios, Asociaciones,
Uniones y Redes de periodistas-trabajadores de prensa de la región
latinoamericana tenemos una historia común que rescata el valor de
la coherencia de ideas y acciones como una de las dimensiones más
trascendentes de las luchas protagonizadas por los periodistas que
integramos la FELAP. Por eso hoy, frente al falso determinismo del
"fin de la historia" y "la muerte de las ideologías",
apropiarnos de la continuidad histórica significa reconocernos en
la permanente reconstrucción de nuestras propias fuerzas. Nuestra
historia y nuestras luchas son ahora el alimento para encarar próximos
retos contra la lógica impuesta. De ahí, entonces, que nos convocamos
todos y convocamos a todos a un amplio debate por la construcción
de un nuevo periodismo.
Cada día se hace más indisimulable que el desarrollo revolucionario
de las tecnologías de la comunicación no ha derivado en la plena realización
del derecho a la información, en tanto que éste, según sostenemos
"se equipara al derecho a la supervivencia en la medida en que
ser humano es pertenecer a una cultura, cuyo discurso dota al individuo
de conciencia y dignidad..." (Por el Derecho a la Información.
Declaración OIP-FELAP, Cumbre de Viena, Austria. 1995).
Hoy, cuando la brutalidad y la injusticia se han incrementado y distintas
violaciones a los derechos humanos tienen para el mundo mercantilizado
una importancia secundaria, comparado con el afán de hacer dinero
nos compete como periodistas -frente a la barbarie de una Tercera
Guerra Mundial no declarada en el escenario bélico, pero sí en la
vida cotidiana- asumir una inequívoca posición crítica, mientras
millones de hombres y mujeres padecen condiciones de vida indigna.
Somos conscientes de que los mentores, y únicos privilegiados de la
globalización neoliberal, han provocado a la fecha más víctimas que
la cifra total de muertos y damnificados arrojada por las dos conflagraciones
mundiales de este siglo.
Entendemos, por lo tanto, que es impensable disociar el origen de
nuestros problemas como corporación de los graves problemas que asolan
a la gran mayoría de la humanidad. En el marco de esta nueva guerra
están los peligros y riesgos de la profesión periodística. Ahí,
también, los padecimientos, los compañeros asesinados, miles de colegas
amenazados; perseguidos gremialmente; desempleados; precarizados laboralmente.
A la par que se extienden la corrupción, el accionar mafioso, los
escuadrones de la muerte y la arbietraridad patronal. Todo ello en
la más absoluta impunidad.
Si ayer nos enfrentamos al terrorismo de Estado impuesto por las
dictaduras militares, ahora nos enfrentamos al terrorismo económico
y a los gerentes de una globalización genocida que explican la tragedia
encuadrándola en "los efectos no deseados" del libre mercado.
Conviene reiterar que no nos proponemos un modelo de periodismo cuyas
prácticas profesionales se reduzcan a la simple descripción de la
muerte, con sus consabidas estadísticas. Y sabemos, entre otras cuestiones,
que no habrá deontología periodística o código de ética alguno que,
en la mera formalidad de las leyes y normas -arrasadas por la impunidad
económica y política- puedan sobreponerse a la fuerza de la violencia
simbólica con la que lucran las grandes corporaciones mediáticas.
Las que dentro de la lógica dominante degradan cada vez más la
profesión y maximizan su tasa de ganancia explotando intelectual y
materialmente nuestra fuerza de trabajo.
En este llamamiento rechazamos el rol que nos pretende asignar el
"manual" de la deontología neoliberal. Y, a la vez, nos sumamos a
todos los periodistas del mundo que resisten y desde la reflexión
y la acción intentan nuevas experiencias por la construcción de un
periodismo que no quede condenado a ser la polea de transmisión del
modelo informativo y comunicacional impuesto por los dueños del dinero.
Queremos compartir, pues, sin exclusiones, el desafío de recuperar
enteramente el lugar de las utopías negadas por quienes procuran hegemonizar
para siempre el campo de las ideas.
Este llamamiento apela a la concienca de cada periodista que no quiera
permanecer indiferente frente al saqueo al que nos vemos sometidos
miles de millones de seres humanos, privados del derecho a la información;
a una vivienda digna, a la atención de la salud; la educación; el
trabajo y la alimentación.
Como FELAP hemos colaborado durante casi un cuarto de siglo en el
combate contra la mentira organizada y la conspiración del silencio
con las que una minoría se regodea en la superabundancia informativa
y en la acumulación de riquezas. Convencidos de que la lógica del
capitalismo contemporáneo niega otro sentido de la historia que no
sea el de la actual globalización inhumana e injusta, decimos: Nuestra
lucha continúa.
La
Habana, noviembre de 1999